Cuando me siento así, como dominada por la mala química de mi apellido paterno, me entra una paranoia y recuerdo: tengo 29 años. Será cierta esa excusa que me inventé, o mejor dicho, "explicación" (a suerte de mitología) de que al llegar a los treinta, mis mayores, con los que comparto el mismo gen, empiezan a decaer emocional, espiritual y psicológicamente? Espero este mito que inventé sea eso, un cuento y no resulte ser una premonición porque en momentos como este me siento cada vez más cerca de ascender a la locura (repito: en nuestro caso no es una caída). Y siento miedo por R., porque lo amo demasiado y jamás querría lastimarlo. Jamás querría hacer algo en contra de mi misma y sabotear todo el territorio ganado.
Quizá sólo sea que el día amaneció gris y mis hormonas un poco en desbalance.
Y quizá en un rato se me quite, necesito un poco de vitamina D. Rayos solares.
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